Sunday, September 11, 2016

RESEÑA DEL LIBRO "EL FISCAL ROSADO" DE JOHN SALDARRIAGA - EL COLOMBIANO

JOHN SALDARRIAGA Y SU FISCAL ROSADO. UN AUTOR QUE SE SALE CON LA SUYA
Emilio Alberto Restrepo*
La novela negra colombiana goza de buena salud, pues para que la literatura no se muera en el tedio o en el inmovilismo o en la nostalgia, se debe remozar con creaciones que cada cierto tiempo la aireen y títulos novedosos que den cuenta de personajes que le inyecten sangre fresca, mientras en las calles se ve correr otra sangre, la de  las víctimas, que generan la historia y la investigación tras los culpables, que es lo que  hace interesantes las narraciones.
Y es por eso  que nos complace reseñar con el lanzamiento del libro EL FISCAL ROSADO, del periodista y escritor John Saldarriaga, en la serie POLICIAS Y BANDIDOS, de la Editorial de la UPB.
El libro contiene dos relatos del fiscal Oscar Rosado, jefe de la 13ª unidad de investigación, producto de sus investigaciones en barrios de una ciudad que podría ser Medellín, pero que se enmarca en cualquier urbe latinoamericana. Color local, negrísimo,  para disfrute global, respetando todas las convenciones del género: una víctima, un investigador, unos culpables, unas pesquisas enrarecidas por un entorno hostil en una ciudad contaminada por el delito y la corrupción. Desde los títulos, La clara oscuridad de los gatos y El extraño caso de la gallina saraviada, se descubre la irreverencia, el estilo bien cuidado, la elaboración de los escenarios y la caracterización de los personajes, en una narración no exenta de humor y una desencantada ironía. Para llevar a cabo sus investigaciones, el Fiscal Rosado y sus colaboradores se desenvuelven en unas calles enmarañadas, donde todo está diseñado para el encubrimiento, donde tiene que hacer alianzas hasta con el diablo para espiar pecados propios y ajenos. Al final, se logra el objetivo: los crímenes se resuelven, no sin quedar cicatrices y un sabor agridulce, pero el lenguaje y el ritmo de Saldarriaga es poderoso y entretenido y el que sale ganando es el lector.
Es el tercer número de una serie que comenzó con otros dos personajes, RAMBERT de Memo Anjel y JOAQUIN TORNADO, de Emilio Alberto Restrepo. La colección estimula la creación de género negro escrito en Colombia, con novelas y relatos “de personaje”, que tenga continuidad en números sucesivos y que generen series con identidad, con fuerza narrativa y una alta y decantada calidad literaria.
En hora buena recibimos con regocijo este lanzamiento por parte de la editorial y del autor. Esto augura señales positivas para los amantes del género negro en Colombia. Se están publicando títulos originales, personajes locales con proyección universal, se les está apostando a los autores antioqueños y colombianos, se pretende darle continuidad a las sagas y a la colección. No son intentos aislados. Hay continuidad. Y los personajes, los Policías y Bandidos, tienen quien les escriba, quien cuente sus aventuras y desventuras y sobre todo, quien los lea. Estamos contentos: aún tenemos esperanza.

*(Médico y escritor antioqueño. En el género negro ha publicado Los Círculos perpetuos, La milonga del bandido, Después de Isabel, el infierno, ¿Alguien ha visto el entierro de un chino? Y las novelas y relatos de Joaquín Tornado, detective. En pocos días sale su libro GAMBERROS S.A., historias de pícaros)

Publicado en el periódico EL COLOMBIANO, a propósito del lanzamiento del libro el 11 de Septiembre de 2016




Thursday, September 08, 2016

COLEGA, ATERRICE, NO SE PONGA A CREER BOBADAS

COLEGA, ATERRICE, NO SE PONGA A CREER BOBADAS



Parece mentira, pero el concepto aquel de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, no siempre se aplica a la vida real. Hay gente que no aprende, hay gente a la que la edad no le sirve para nada, hay gente que no se talla con la experiencia, hay personas a las que los hechos no les alimentan las entendederas. A más viejos, más pendejos, mientras más deberían saber, menos parecen entender.
Las cosas les pasan por las narices, se ven a punto de verse atropellados por la evidencia y ellos siguen ahí, como si nada, su conciencia permeable sigue sin inmutarse, sin romperse ni mancharse, como si no fuera con ellos.
O será que el equivocado es uno, pero, ¿cómo es posible que después de cumplidos los 50, un compañero crea que la secretaria recién llegada, o la estudiante, o la practicante de curvas imposibles, exultante de hormonas por todos lados, lo está mirando con un interés genuino   de hembra en celo que quiere tener una aproximación física porque lo encuentra un macho interesante y apetecible? Colega, aterrice, lo que quiere es exprimirlo, vaciarle los bolsillos y capitalizarse a su costa. A su edad, el único que le mira con interés genuino el cuerpo es el urólogo o el forense, y eso que con otro tipo de propósitos.
A su edad, eso de teñirse el pelo(incluso de tonos verdosos o rojizos), eso de empezar con ropas apretadas diseñadas para especímenes tres décadas más jóvenes, eso de empalagarse con cremas y gominas típicas de metrosexuales de músculos firmes y barbillas poderosas no es para usted, no haga el ridículo, las pocas rigideces que le quedan si mucho serán de orden moral o conceptual, deje de ser el centro de burlas de sus compañeros de trabajo.
Es hora de entender que las cirugías plásticas no devuelven la juventud ni la belleza, que la lozanía de la piel se pierde y no se recupera a punta de botox y que es más digno tener unas arruguitas naturales que una forzada sonrisa de guasón moldeada a punta de bisturí que, honestamente, no engaña a nadie. Colega, nadie le cree a ese cabellera implantada o teñida que nunca se acerca ni remotamente al natural, a esos párpados operados, a esas patas de gallo infiltradas. No se engañe. A su alrededor, todos están conteniendo la burla y el  comentario. Si no le dicen nada, es por pudor, por respeto a la edad, por una contenida compasión  o por un simple asunto de caridad y discreción, cuando no por mezquina indiferencia.
A estas alturas, y empezar a creerse que puede hacer ejercicio con el vigor que en realidad no demostró cuando sí se podía, no es sino un factor de esguinces, desgarros, fracturas e infartos fulminantes, sin contar con las descalificaciones y los susurros que se generan a sus espaldas, o incluso en sus propias barbas, lo que pasa es que ya no las oye. Porque además de todo, los años traen eso, una sordera selectiva.
O eso de querer sabérselas todas, alegar y querer imponer su verdad revelada sobre todos los temas humanos y divinos, ya no le luce, lo hacen ver como un viejorro prepotente y arrogante que borra con el codo todo lo que ha logrado con su mente en su trayectoria de tantos años, por presumir que sabe más que todos los que lo rodean. No desdeñe la carga intelectual y académica de la gente que viene detrás de usted. Es una generación muy estructurada, que piensa y se informa, llena de datos y de recursos. No piense que estar veterano es sinónimo de ser sabio; debería ir de la mano, pero no siempre es así, hay muchos que con los años es más lo que babosean que lo reflexionan y lo único que ganan es que los que están a su lado les vayan perdiendo el respeto o los vayan catalogando de insufribles. Eso de pontificar con la cabeza pelada y las sienes llenas de canas no le luce sino al Santo Papa, que dicen que es infalible. Y créame, usted está un tanto lejos, aunque se lo crea, de parecerse al romano pontífice. No sea tan pelotudo, o por lo menos, disimúlelo un tantico.
A estas edades, ya deberíamos saber que nadie regala nada, que de eso tan bueno no dan tanto, que al caballo lo soban es para montarlo, que más de un halago en un día empalaga, que no se ganan loterías sin comprarlas, que tanto manoseo deja llaga, que no existen minas con tanto oro y que de riqueza y de bondad, no debemos creer sino la mitad de la mitad.
Y esos bríos, eso de querer lucirse bailando reggaetón, eso de estar poniendo esa mirada de galán que lo hacen ver patético, eso de estar usando nombres inventados en redes sociales aparentando 20 años, 20 kilos y 5 pastillas menos, eso no le luce colega, créame, se lo digo de todo corazón.
No hay nada malo en envejecer con dignidad, en encanecerse con inteligencia, en encorvarse con altura. Lo importante es no resbalar en las pantanosas aguas del ridículo, en sacar a bailar en público ese oso peludo de la desvergüenza, en patinar en la pista de esa desubicación que no genera sino pena ajena.

Colega, ante todo, aterrice, no de papaya, no babosee tanto, no haga pendejadas y, por amor a Dios, deje de creer en tantas bobadas. Usted ya no está para esas cosas.

CODA

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COLEGA, NO TRABAJE TANTO



Thursday, September 01, 2016

COLEGA, NO RENIEGUE TANTO

COLEGA, NO RENIEGUE TANTO





Tal y como se volvieron las cosas, el deporte nacional no es el  ciclismo, o el futbol o el tejo, sino el "gadejo", el quejarse, el alegar. De todo y por todo. Y el producto típico ya no es el café sino la mala leche. Y el pasatiempo favorito no es el cine o la televisión, mucho menos la lectura, sino el tiro al prójimo.
Ya encontrarse con el otro no es un motivo para regocijarse de lo bien que nos está yendo, o dar gracias a Dios de lo aliviada y unida que está la familia, sino una oportunidad para quejarse de lo dura que está la vida, de lo conchudos que son los compañeros, de lo abusivo que es el jefe, del gobierno, de los curas, de los maestros, del sistema de salud, de lo bruto que es el director técnico de tal equipo o de lo tronco que es tal o cual jugador que parece tullido y corre como si tuviera hemorroides. Siempre los otros…nosotros no, los otros.
Uno ve que a pesar de las dificultades, los indicadores muestran una tendencia al alza, la violencia, los secuestros y el desempleo disminuyen, el ingreso per cápita aumenta, sin embargo eso no parece reflejarse en el día a día de cada uno de nosotros: que la carestía, que la corrupción, que el sueldo de los congresistas, que el gobierno arrodillado, que el costo de las matrículas, que lo difícil que está el paso a la universidad, que la adicción a las redes sociales, que la esclavitud de los hijos a sus teléfonos celulares. Que la generación actual no sabe lo que quiere, en cambio en la nuestra sí que había valores, que la música de hoy es basura, que los bailes modernos una vulgaridad y más blá, blá, blá…; lo grave es que antes, los mayores decían los mismo de nosotros y mal que bien ahí vamos abjurando, para volver a caer en lo mismo que tanto nos incomodaba.
No hacemos sino renegar, parece que renunciamos del todo a lo lúdico, ya nada es placentero; según nuestro discurso cotidiano, todo es malo y tiene tendencia a empeorar.
En el trabajo, que mucho turno, que sobrecarga, que esos sueldos, que aquel por qué menos y yo más si ganamos lo mismo, que favoritismos, que broncas y persecuciones, que la pensión, que el sueldo no alcanza, que llego rendido. ¿Acaso no nos damos cuenta que estamos en posición de privilegio al tener algo estable que nos da estatus, nos permite mantener a la familia con dignidad y decoro y nos facilita ir resolviendo las necesidades que nos impone la existencia? Deberíamos tener claro que siempre va a haber personas en situaciones peores y mejores que las nuestras, que de nosotros y nuestro esfuerzo depende casi siempre que mejoremos o nos quedemos estancados. Casi siempre es cuestión de actitud, formación, empuje y en ocasiones algo de suerte. Y hay gente que siempre va a ser perdedora, que siempre va a llamar la desgracia con sus palabras, que nunca va a estar contenta, que definitivamente no la llena nadie. Esos siempre van a despotricar de todo, el problema es que contaminan el ambiente y la energía de los que los rodea.
Y lo mismo en la vida social, en la vida de relación: todavía somos tan idiotas que dañamos amistades por discusiones sobre deportes, sobre religión, sobre política, asuntos en los que nunca nos vamos a poner de acuerdo, en los que nunca va a haber unanimidad y temas que disparan comentarios y posiciones que hieren susceptibilidades, rompen la camaradería y dañan los afectos. Todo por estar desvalorizando la ideología del otro, por estar cuestionando la postura del otro, por creer que somos dueños de la verdad revelada. Que va, en esos asuntos nadie tiene la razón, cada cual piensa lo suyo y es casi imposible que en una conversación y menos en una discusión, nadie convenza a nadie y casi siempre quedan heridas que muchas veces dejan cicatrices imborrables. Es un asunto triste de la esencia humana, y se da por estar renegando a toda hora. Por la intolerancia y la arrogancia de creernos mejores y de mejor familia que los demás.
Pero, nos hemos preguntado, ¿cómo contribuimos cada uno de nosotros a que las cosas mejoren?¿Estamos haciendo algo creativo por salir de ese círculo vicioso de queja-perdición-insatisfacción-mal genio?
¿Estamos trabajando con conciencia y compromiso?¿Estamos dando lo mejor de nosotros mismos de acuerdo a nuestro entrenamiento y capacidades?¿Estamos solo asumiendo por cumplir un horario, tratando de escabullirnos en la ley del menor esfuerzo?
¿Será que por estar baboseando y envenenando el espíritu con energía negativa y malos comentarios sobre el quehacer del vecino, estamos dejando de hacer lo correcto o nos estamos dejando llevar de la mediocridad y el conformismo?
Colega, entendamos que hacemos parte de una generación privilegiada que tiene conocimientos, recursos, liderazgo social e ingresos por encima del promedio. Entendamos que podemos ser más útiles a la sociedad si somos asertivos, si generamos ideas, si somos solidarios y coherentes, si en vez de encontrarle un problema a cada solución, ponemos lo mejor de nuestro talento al servicio de las ideas, del bienestar del otro y ponemos nuestras capacidades al servicio de la sociedad, que nos dio la oportunidad de hacer estudios universitarios y de posgrado, muchas veces en el exterior y que por un principio de proporcionalidad, debemos retribuir a ella con gratitud, con solidaridad y sobre todo, sin maldecir tanto, sin tener a flor de labio el comentario derrotista, el oprobio, la descalificación.

Colega, entienda que usted es un privilegiado. No le pido que sea conformista ni se resigne a los atropellos. Por supuesto que no. Solo lo invito a que piense, a que sienta, a que se sonría, a que quiera, en fin…a que no reniegue tanto.

CODA

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