Monday, June 10, 2013

COLEGA, NO TRABAJE TANTO

Colega, no trabaje tanto
Emilio Alberto Restrepo Baena






En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás. William Faulkner







Y es que desde que nos graduamos ya estamos programados para trabajar sin descanso, para tomar como natural el sofisma que nos recuerda que “al principio uno tiene que matarse trabajando eturnos y festivos para hacerse un capitalcito y después soltar un poco y bajar el ritmo”.MENTIRAS. Ese chip de la trabajo-adicción que empieza a funcionar al tener el diploma que nos da licencia para ejercer, nos marca de por vida, nos programa sin opciones en la perversa tradición del “trabajar, trabajar y trabajar”.

La experiencia lo demuestra. Cuando uno se mete en la licuadora del trabajo sin pausa, de hacer labores continuas sin darle cabida al reposo, con la ambición de atesorar y conseguir objetos de consumo en pocos años, ya no es capaz de soltar, de recuperar un nivel digno y razonable de jornada laboral. No es capaz de adecuarse a los menores ingresos que se obtienen por bajar el ritmo. No sabe qué hacer con el ocio, pues por estar permanentemente ejecutando un trabajo, perdió la capacidad del deleite, la delicia del hobby, la dulce lentitud de la lectura, el ejercicio, la película, la conversación por placer, la amistad, el amor, los juegos con los hijos y mil etcéteras, que el exceso de trabajo no nos dejan ver.

En Europa hay países con jornadas semanales de 32 horas, y les parece excesiva. En Colombia es de 48 horas y la mayoría de nuestros colegas trabaja alrededor de cien horas en dos y tres trabajos. Una aberración. ¿A qué horas viven, aman, estudian, sueñan y crecen como seres humanos?

Es natural que como producto de ello, sean padres ausentes, esposos descuidados, amigos indiferentes. Es que físicamente no tienen tiempo sino para estar en un turno, empatar con otro y tratar de recuperarse de ellos para recomenzar el carrusel. ¿A qué horas se actualizan, a qué horas leen, sí tienen tiempo de darse un gustico sin afanes, sin carreras, sin estar mirando el reloj para irse a acometer una nueva jornada?

¿No le parece abominable andar con la ropa en el carro, dormir tres a cinco noches por semana fuera de la casa en una cama de uso colectivo, sin la privacidad del baño propio, embutiéndose de afán comida chatarra en los cambios del semáforo mientras va de un sitio a otro? ¿No es horrible que la esposa le tenga que llevar los niños al trabajo los fines de semana, porque de otra forma no es posible que se vean y compartan aunque sea unos minutos?

Y pasan los años, y nada que le baja al ritmo. El autoengaño permanente no le permite ver que está dejando en un trabajo la juventud y la salud mientras engorda la cuenta bancaria que probablemente otros van a disfrutar. Claro, compró una casa en un estrato dos estratos por encima del suyo, pues no puede ser inferior al compañero que se le adelantó en la decisión y no puede ser en el barrio de siempre, pues uno “tiene que progresar en la vida”. Y el auto tiene que ser más nuevo y más grande que el del colega, pues todo el mundo debe darse cuenta que “uno no es ninguna lagaña de mico”.Y la familia exige y presiona, pues hay que darse caché y estatus y la experiencia muestra que no hay nadie más arribista, esnobista y exhibicionista que la clase media cuando le da por el ascenso social. Entonces es un círculo vicioso que nunca se acaba, el endeudarse, el consumir sin limite, el trabajar sin descanso para poder cumplir, etc.

Muchas veces lo único que nos hace detenernos a reflexionar, no es el producto de una racionalización o de una elucubración filosófica que nos hace caer en cuenta de que somos poco menos que unos esclavos, sino un infarto fulminante, una estadía en una unidad de cuidados intensivos, una separación, una infidelidad, delincuencia o drogadicción en el hogar y mil tragedias más, cada una peor que la otra.

Hay que recordar que cuando soñábamos con estudiar y especializarnos, lo hacíamos entre otras cosas para tener una mejor calidad de vida. ¿Acaso sí lo hemos logrado? ¿Sí vivimos mejor? O simplemente somos esclavos con título universitario sin tiempo para nosotros mismos, ni para nuestras familias, sin lugar para el crecimiento intelectual, para el goce mundano y el regocijo estético, para sentir en el cuerpo y en los sentidos el sublime placer de sentirnos vivos y sanos y vigorosos y agradecerle a la vida por tantos privilegios y beneficios que nos ha dispensado y que muchas veces derrochamos imbécilmente sin siquiera darnos cuenta.

No hay que pretender enriquecerse en el primer año de ejercicio. Las cosas van llegando, las recompensas se obtienen cuando el trabajo se hace con responsabilidad, constancia y dignificando a la persona como un ser integral. Es mejor un profesional culto, equilibrado, feliz, compensado anímica y espiritualmente, que genere confianza entre sus semejantes, que un pobre rico que lo único que tiene es plata, un vulgar burro de oro que sólo piensa en el billete y en el trabajo, el profesional más adinerado del cementerio.

Esos años de trabajo-adicción sin sosiego pasan su cuenta de cobro en úlceras, insomnios, hipertensión, lumbagos, impotencia, malgenio crónico, migrañas. Tarde o temprano la hipófisis y la glándula pineal llaman a juicio por el maltrato, por el abuso contra el ciclo circadiano, por la sobrecarga. Y uno se enfrenta al espejo, a la noche oscura e interminable y descubre que no hay marcha atrás.

Colega, su familia lo necesita. Vuelva a los placeres elementales que tan feliz lo hacían cuando no estaba obsesionado con el trabajo. Tenga una diversión, un oficio, un entretenedero para que no se aburra cuando se jubile, si es que no llega enfermo de tanto trabajar. Lea, ríase, goce, disfrute. Vida hay solo una y se nos está acabando. Colega, no trabaje tanto.

Nota: Publicado en el periódico PRINCIPIO ACTIVO, Facultad de Medicina U de A, Junio 2013









¡¡¡¡DESTACADO!!!!
Cuentos propios, leídos por el autor:



Comentarios:

Me encantó "colega no trabaje tanto"

Recibidos
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ADRIANA ANGEL aangelramon@gmail.com

08:58 (Hace 34 minutos.)
para 
Buenos días

Por casualidad del destino encontré el video "colega no trabaje tanto" y quedé "plop" y quisiera contarle porque...

Me encantó porque ví reflejada en el la realidad de nuestra profesión, profesión que amo pero que suele quitarle mucho a quienes la ejercen. 

Hace algún tiempo trabajaba así, de sol a sombra, hasta que en mi vida apareció mi hijo y me permitió abrir los ojos a todo eso que usted describe, pero que la mayoría lastimosamente nunca vé. Fue así como decidimos con mi esposo que solo trabajaría en las mañanas y renunciaría al otro puesto,mis propios colegas no entendían como era que yo sólo iba a trabajar hasta el medio día y que obviamente iba a "sacrificar" un salario por dedicarme a mi hijo en las tardes, acaso no lo puede cuidar tu mamá o una tía o si quieres te recomiendo una excelente niñera, me decían. pero nosotros teníamos claro que dejar de trabajar en la tarde no era "sacrificar" un puesto, todo lo contrario, CONTINUAR ALLI ERA SACRIFICAR NUESTRO HIJO, NUESTRA FAMILIA, porque entre otras cosas, por alguna razón somos el gremio con más índice de separaciones, infidelidades  y en general familias disfuncionales (pero que esperábamos,  si nos vemos más con la gente del hospital y dormimos más en el hospital muchas veces, que con la familia).

Y entonces también aparece la consabida pregunta, y no piensas especializarte?, pues quererlo sí, porque me encanta estudiar pero cuando  racionalicé la realidad mía y la comparé con la de mis compañeros especialistas, nuevamente entendí algo que radicalizó mi decisión de no especializarme. Yo soy médico general, trabajo hasta el medio día, puedo cuidar a mi hijo, vivo bien (hablando del contexto social), cuando mi esposo llega del trabajo podemos compartir tiempo los 3, las fechas especiales puedo compartirlas en familia, en cambio mis amigos especialistas, todos están en un afán social enorme (el mejor carro, la acción del club, viajes al exterior, etc), es cierto, ganan más que yo pero trabajan 3 veces más que yo, no tienen tiempo para disfrutar en familia, no pueden dejar de trabajar ni un día porque las deudas los agobian (aunque obviamente ninguno lo reconozca),  así que decidí firmemente no especializarme, he visto que SE GANA MAS DINERO PERO SE OBTIENE A CAMBIO MENOR CALIDAD DE VIDA.

Y entonces tomé otra decisión en mi vida y fue buscar una fuente de ingreso diferente, que algún día me permita no sólo disfrutar de todo esto que hoy en día estoy disfrutando con mi familia, sino que me permita también algún día ejercer LA MEDICINA QUE SOÑÉ EJERCER, esa que idealizaba cuando presenté el examen de admisión en la Universidad Nacional  y no la que me tocó ejercer cuando me entregaron mi tarjeta profesional y me metí en todo este rollo laboral y social de ser médico, donde se debe sacrificar la esencia de tu profesión para poder mantener el salario a toda costa, donde te toca entender frases como "el POS no lo cubre", "la consulta es de 20 min", "hay que hacer reducción del gasto", "ese examen solo lo pueden solicitar los especialistas" (claro si logran conseguir la cita con el consabido Dr.). Es así como la realidad de nuestro sistema se reduce a los "pobres" médicos amarrados por el sistema, sin tiempo para sí mismos ni para sus familias, atendiendo a pacientes que ni siquiera eso les reconocen, conocedores de sus derechos lo que los hace muy demandantes ante el médico pero no ante la entidad que los cobija a ambos y la otra cara de la moneda, los "pobres" pacientes atendidos por médicos "amarrados", sobresaturados de trabajo, mal dormidos, mal comidos, en mal estado de salud, con dificultades enormes como humanos que son. Podríamos pensar que tenemos un problema de publicidad engañosa, una cosa es la que nos prometen cuando nos matriculamos en la universidad y otra muy diferente la que obtenemos cuando nos entregan la tarjeta profesional.  

Es así como en conjunto con otros médicos nos hemos dedicado a algo que nosotros hemos llamado "médicos en rehabilitación", nos hemos dedicado a mostrarles que hay formas diferentes de ganar dinero sin tener que sacrificarlo todo por el dinero, que nuestras familias nos necesitan ahora, que con el tiempo podremos también ejercer la profesión de una manera diferente, donde el motor para ejercerla no sea el dinero  sino la pasión y la vocación que nos motivó a estudiarla.

Doctor, con todo esto quiero decirle muchas gracias, es bueno saber que somos varios  pensando de la misma manera, para que con el tiempo seamos muchos y ojalá algún día, fuéramos todos. 

Si algún día pasa por Bogotá, no dude en contactarme, por favor avíseme, en realidad quisiera conocerlo y presentarle a los colegas "rehabilitados" con los que trabajo.

Un abrazo