Sunday, May 29, 2005

MEDELLÍN: EL PARAÍSO DE LOS DINOSAURIOS OLVIDADOS

MEDELLÍN: EL PARAÍSO DE LOS DINOSAURIOS OLVIDADOS
Emilio Alberto Restrepo Baena



En cuanto a lo que se refiere a la música popular, Medellín ha sido considerado el paraíso de los dinosaurios olvidados. No es gratuito. Si repasamos las crónicas de los últimos cuarenta años, esta ciudad ha acogido en forma maravillosa, entusiasta, rotunda a muchos artistas que ya reposaban en los fríos cuarteles del ostracismo, artríticos por la nostalgia de aplausos, anquilosados por falta de reconocimiento y admiración.

Como los elefantes viejos que presintiendo su muerte buscan los valles secretos de África, donde después de una peregrinación solitaria se acuestan a esperar la muerte dejando cementerios llenos de huesos y marfil, testigos de antiguas fuerzas y lejanas batallas, muchos artistas vienen a Medellín en donde se encuentran un público que aún los ama y que con generosidad reencaucha los afectos de siempre, reeditando éxitos pretéritos, sacudiendo el pesado lastre del anonimato que tanto duele en el ego.

Y es que el fenómeno desatado por la muerte trágica de Carlos Gardel en la ciudad, disparando por los siglos de los siglos una veneración que raya en la idolatría, un ascenso inmediato al Olimpo de los dioses, un regodeo eterno con la gloria perenne de los inmortales, hace que en el inconsciente colectivo se fije la tradición de Medellín como elixir mágico contra la desmemoria. No en vano, mucho más que en otras ciudades, han terminado su vida artistas como Pepe Aguirre, Orlando Contreras, Edmundo Arias.

Y antes de morirse, ya muy ancianos y en precarias condiciones de salud, vinieron y cosecharon laureles Leo Marini, Daniel Santos, Alfredo Sadel, Lidia Mendoza, Hugo Romani, José Alfredo Jiménez, etc, donde un público complaciente y amable los vitoreó frenético y emocionado.

En los últimos años se presenta una especie de reedición de los cantantes de los años sesenta y setenta. Es común que un empresario junte para un mismo espectáculo a tres o cuatro artistas que forma individual no convocarían a nadie y aprovechando las cinco o seis canciones que a cada uno le dieron cierto reconocimiento y recordación, logra elaborar un repertorio digno y garantizar un aforo del teatro que recupere la inversión y divierta al público. Es por eso que personajes que ya habíamos desterrado de la memoria, o que creíamos muertos o confinados en un ancianato vienen más rejuvenecidos que nunca, embebecidos de nuevos bríos y entusiasmos a refritar sus antiguos temas.

De ahí que nos hayan visitado muchos baladistas en representación del paleolítico inferior y lo sorprendente es que aún diviertan a la masa y la emocionen, que asuman con dignidad la oportunidad para saborear de nuevo un aplauso luego de muchos años de estar cesantes, sin contratos, sin giras, sin temas y hasta sin voz. Este género conocido como “música de peluquería” o música “romanteca” o “música para planchar”, tiene plena acogida en nuestro medio, donde hay gran entusiasmo por estos temas cursis y de dudoso buen gusto, que evocan amores dulzones, con ritmos pegajosos y letra simples que permean rápidamente el oído de un sector muy grande de la población.

No es exclusivo de muchachas del servicio doméstico, ni de policías ni choferes de buses. En realidad gustan en todos los estratos. Y tienen temas para todos los gustos. Desde los virtuosos como Nino Bravo y Raphael hasta los limitados de voz como Cacho Castaña o Juan Ramón. Desde los líricos con alto nivel poético como Alberto Cortez o José Luis Perales, hasta los simples a más no poder como Palito Ortega o Luis Aguilé. Desde los melosos como Julio Iglesias, (recordado como mister arequipe o señor melcocha) hasta los de voz ronca y carrasposa como Alberto Bourbón o Rabito (conocido cariñosamente y en confianza como “culito”). Desde los súper internacionales dueños del jet set europeo y norteamericano como Julio Iglesias o Charles Aznavour o José Luis Rodríguez “el Puma”, hasta los integrantes del proletariado estelar criollo como Galy Galeano (recordado como el rey de las guisas) o Raúl Santi, otro campeón súper favorito de nuestras nunca bien ponderadas sirvientas, o la inefable Vicky, que a toda hora parece convaleciente de una fiebre tifoidea.

También hay temas de gran elaboración literaria y factura poética impecable que se internacionalizan rápidamente y son versionados por múltiples artistas y orquestas , hasta adefesios que solo invitan a la risa y a la burla como esos que impusieron los argentinos cuando la mitad de la canción transcurría hablando por teléfono luego de timbrar varias veces, o ponían a niños a establecer diálogos lacrimosos con supuestos padres irresponsables o en lo más lamentable del melodrama, ponían a sollozar a una amante engañada desarrollando el más insoportable de los culebrones, con llantos descompuestos y deglución llorosa de efusiones nasales.

Definitivamente es un género de contrastes. Fluctúa sin reparos de lo brillante a lo mediocre, de lo original a la burda copia, de altos vuelos líricos y creativos a insufribles bodrios que generan lástima. Y hay público para todos. Y siempre hay quien los admire. Es por eso que en la misma emisora pasan de Juan Gabriel o Miguel Bosé a Charlie Zaa. De Víctor Manuel a los Pasteles Verdes. De Emmanuel a los Terrícolas. Y en la fauna criolla recordemos a los íconos: Billy Pontoni, Oscar Golden, Claudia Ozuna, Claudia de Colombia, Tiziano , etc.

Retomando el tema del papel de Medellín como caja de resonancia de la nostalgia, recordemos a los que han venido a dar con el fardo de sus fósiles a la ciudad. La lista es enorme.

Superestrellas como Camilo Sesto, auténtico ídolo de los años setenta, lleno de pergaminos y de éxitos, vino en plena euforia de su vigencia realizando conciertos inolvidables. Con los años trató de repetir su experiencia con resultados poco menos que lamentables. En el último vino como parte integrante de un multiconcierto de ancianos, uno más entre otros artistas. Ya no era la figura central, sólo uno más. Y el resultado fue desastroso. Su privilegiada voz era ya solo un mal remedo de sí mismo; su cuerpo ya cincuentón lucía anacrónico con su estado actual, pues se negaba a reconocer el paso de los años, sobre todo en él, reconocido como un adonis de belleza gallarda y varonil. Sin embargo, el público fue benigno, por no decir que excesivamente tolerante y lo aplaudió de continuo en forma entusiasta, más como homenaje y reconocimiento a su carrera que a su presentación esa noche. Es sobre todo cuando se oyen las grabaciones que uno siente vergüenza ajena al oír sus aullidos ya carentes de sutileza y tesitura, volcados en unos gritos histéricos más cercanos a la cacofonía que a la armonía.

En esa presentación fue acompañado por otro par de venerables patriarcas: el venezolano Rudy Márquez, conocido cariñosamente como “carequeso”, “el absceso de la canción” o “la espinilla que canta” pues el particular aspecto de su rostro haría las delicias de un esteticista o de un cirujano plástico, y de Leo Dan, el argentino que hizo las delicias de nuestros bisabuelos con mil canciones todas rítmicas, todas parecidas, simples a más no poder, pero llenas de un sonsonete que las hacía pegajosas y con éxito garantizado. El viejo Leo hizo su función con la misma voz de siempre ( no hay riesgo que se le desgaste) obeso como un hipopótamo, casi anciano, lo que hacía un gracioso contraste con sus temas tan livianos y juveniles e irradiando la simpatía de siempre. El público, por supuesto, le dio tratamiento de gran estrella y su ego se enmaletó una gran ovación que aún debe estar añorando.

Otros que circulan en este carrusel del recuerdo fueron el argentino Heleno, recordado como “la rodilla que canta” o “Meleno”, por su cabeza brillante como una bola de billar, quien a falta de una orquesta o una banda pues por cuestiones de presupuesto no la puede pagar, trae una pista grabada, sobre la cual, sin ningún rubor , recrea sus antiquísimas canciones con la voz melosa y acaramelada de los viejos tiempos. Otro argentino ya casi olvidado fue Elio Roca. También vino, cantó y venció. Su voz de tenor permanece intacta y poderosa, en contraste con su imagen de postín decadente, con tumulto de chicas contratadas incluido, las cuales al verlo, gritaban, lo besaban, lo acosaban en tropel. Patético pero divertidísimo deleitarse con este galán de pacotilla, quien no ha podido entender que estos trucos generan más risa compasiva que admiración.

También vino el español Manolo Galván, decrépito y macilento, más ronco que nunca, bebiendo en el escenario, fumando sin pudor entre canción y canción, regañando al público porque fue silbado cuando intentó a las malas cantar sus canciones nuevas mientras el respetable le pedía a gritos los temas de hace treinta años. Cuando se resignó y se concentró, estuvo a la altura de sus mejores días.

El argentino Sabú se debió haber sentido en el cielo cuando salió casi en hombros de su presentación. Tanto en físico como en vitalidad, energía y voz está intacto. El público así lo reconoció y lo aplaudió a rabiar. Quedó un grato sabor con su espectáculo. Lo mismo ocurrió con el español Juan Erasmo Mochi, quien conserva una gran voz, un carisma a toda prueba, una simpatía natural que conecta inmediatamente con la gente; salió aplaudido.

Para no extender más el recuento, simplemente enunciamos a Manolo Otero, Emilio José, José Vélez, Victor Heredia, José José, Leonardo Favio, Tormenta, Los Galos, Los terrícolas, Los Iracundos que también con el sol a sus espaldas han sabido venir a divertir a sus admiradores, ya viejos, ya baratos, ya un poquito en el olvido por no decir en la decadencia.

En fin, hay muchos artistas que han desfilado en el ocaso de sus años idos por nuestros auditorios y los han llenado, recreando glorias y desempolvando las nostalgias de su propia desmemoria y las de un público que los necesita para sentirse un poco más joven, para negar en sí mismo el cruel paso de los años y la evidencia de la pérdida de la juventud, porque no tiene ídolos vigentes a quien admirar, o son muy distantes o son tan costosos que no vienen a nuestras ciudades de provincia, o en el cúlmen de su carrera nos desprecian por pensar que no estamos a la altura de su condición.

Esperemos que envejezcan y terminen arrastrados en el torbellino del olvido, del silencio, del anonimato y aquí vendrán a dar, por unos cuantos dólares, ya sin poses de grandes estrellas, con unas pretensiones mucho más modestas, llenos de kilos y de canas. Aquí los aplaudiremos a rabiar, los haremos sentir más jóvenes y aún exitosos porque ellos nos hicieron un poco más felices, nos acompañaron en el amor y en el desamor, nos hicieron derramar lágrimas de cursilería y risas de encanto en un tiempo en que todo era un poco menos duro.

Comentarios:

Cantores que mueren jóvenes y dinosaurios


Recibidos
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Orlando Ramírez Casas

19:10 (Hace 12 horas.)
para Cco:
Orlando:
El mérito no es de Carlos Gardel sino del accidente aéreo, lo mismo que 
salvó a Pedro Infante. 
Otro accidente, pero automovilístico, salvó a Nino Bravo; aunque es 
cierto que demasiado temprano, pues tenía cuerda para mucho rato. 
Y no haber atendido el sano consejo médico de no ingerir líquido 
después de su operación sino hasta después de pasado cierto tiempo, 
parece que "salvó" al extraordinario Javier Solís de la decrepitud.
¡Qué paradojas tiene la vida!
Gilberto González


​Hola, jóvenes:



En apoyo de mi tesis de que los buenos cantantes deben morirse jóvenes antes 
de que la vida los lleve a la decrepitud, el abogado Gilberto González aporta 
unos ejemplos de cantores que siguen siendo grandes gracias a que la muerte 
se los llevó ligero.


El factor tiempo es el gran diferenciador porque, como se sabe, 

yo desayuno y quedo desocupado. Así, cualquiera. 
Un querido amigo me ha reclamado por afirmar que el Daniel Santos 
de los últimos días no era el mismo de sus tiempos de gloria. 
Lo cortés no quita lo valiente, y amor no quita conocimiento. 
Esa es una realidad de la que yo pongo como ejemplo a Daniel pero es 
común a muchos artistas que no saben determinar cuando es su hora llegada, 
y no se retiran a tiempo. 
El cantor de tangos Alberto Castillo es otro ejemplo por el estilo, 
y creo que el gran mérito de Carlos Gardel fue haberse muerto 
cuando todavía estaba joven y bello, sin dejar que sus fanáticos lo vieran en
 la decrepitud. 
Si Carlos Gardel hubiera llegado a los 90 años, le habría tocado ver 
su declive, y es posible que hasta los empresarios se hubieran animado
 a invitarlo a Medellín al Festival del Tango. 
Aquí son los magos para resucitar viejas momias. 
También te puedo citar ejemplos. A Raphael lo trajeron a 
Medellíndespués del tifo, a Julio Iglesias cuando lo
 trajeron todavía no había aprendido a cantar, trajeron a Juan 
Carlos Godoy a los 89 años y daba grima; trajeron a Tormenta, 
a Miriam Hernández, a Janet, y a otras glorias musicales de los 60, 
los 70 y los 80.
 Han traído a Juan Gabriel y a José José después de que les pasó 
su cuarto de hora. En fin. No nos falta sino habilitar como sala 
de conciertos la capilla de los Jardines de la Resurrección.



Ustedes me han oído decir que Carlos Gardel fue un sabio, 
porque se supo morir a tiempo. Y Nino Bravo. Y James Dean. 
Al morir en la cúspide de su gloria, su obra quedó inmortalizada 
para el recuerdo, lo que no habría pasado si el tiempo y los 
años hubieran caído sobre sus espaldas y llegado al final 
de sus vidas cantando con voz decrépita y deprimente como 
en los casos de Daniel Santos y Alberto Castillo​,​para citar sólo esos 
dos que ya se murieron y no se pueden defender de mi acusación. 
También los hay vivos, que conocieron épocas de gloria, 
pero no han sabido retirarse a tiempo y andan por ahí, como decía mi abuela,
dando lora”; o, como dice mi hija, “haciendo el oso”. Son pobres personas
que no tienen amigos que les digan la verdad sino aduladores que los falsean
con mentiras. Víctimas de empresarios voraces que se escudan en la buena
fama de tiempos pasados para sacarle unos pesos a la decrepitud del artista
que conoció mejores días; y tal vez víctimas ellos mismos, los artistas, de la
necesidad de su bolsillo que los muerde como un perro rabioso obligándolos
a hacer lo que ya no deben hacer. Es el caso del ante​penúltimo festival de 
tango de Medellín, en el 2012, en el que trajeron a Juan Carlos Godoy para
 hacerle un homenaje, lo que me parece bien, pero muy bien, 
extraordinariamente bien… pero lo subieron a un escenario a cantar, 
y un octogenario ya no canta ni puede cantar como cuando tenía 30 años.
 ¡Por favor! Es una falta de respeto con el artista y con el público al que 
engañan ofreciéndoleun producto que fue, pero ya no existe. 
Es eso. Los empresarios se aprovechan de los artistas, como dice 
Luz Marina “Beltango” Gómez de la Corporación Medellín es Tango:

 “En Medellín hay muy buenos cantantes y músicos de 
tango con grandes 
recorridos, pero cuando se presentan en teatros o estaderos

 lo que les pagan es una bicoca o les pagan con aguardiente y plata para
 el taxi…
 Yo, sinceramente, no canto por esa miseria. Medellín dizque es la capital del 
tango en Colombia y uno va a cantar y no le pagan nada, quieren que cante 
gratis. No, señor, eso hay que modificarlo porque el artista merece respeto
 (reseña en el libro Aquí también se canta el tango, del Dr. Alberto
 Burgos Herrera).
 He ahí el secreto de la larga e imprudente permanencia artística de quienes
no saben parar a tiempo: les pagan poco porque se aprovechan de su
necesidad.
Sale más barato un cantor que ya está de salida, que uno que está cotizando
en la plenitud de su carrera. Dos o tres que conozco andan montados en 
ese cuento.
Distinto es que un artista se anime en una reunión de amigos en una finca, o
en una tertulia casera, y cante para sus amigos haciéndolo todavía con buena
voz; pero no que se suba a una tarima pública o frente a los micrófonos de la
televisión, porque ese ya es otro escenario que no admite mediocridades.

El tema de saberse retirar a tiempo es, pues, un tema que he 
ventiladovarias veces, y hace un par de meses cuando estuve 
en Cali.
Como a propósito, me ha llegado esta película que invito a ver 
con paciencia y en un ambiente apropiado porque dura 87 
minutos(1:27). Se trata de la película germano argentina 
dirigida por German Kral en el 2009, que están presentando 
este fin de semana en el Teatro Lido de Medellín dentro de 
un ciclo de películas documentales. Su título, “El último aplauso”. 
Se refiere al café-bar “El Chino” situado en el barrio Pompeya de 
Buenos Aires (Argentina), cuyo propietario Jorge García tenía 
ese apodo. Eran un propietario,y un negocio, muy por el estilo 
del Patio del Tango del gordo Aníbal Moncada. 
Allí llegaban los fines de semana sus amigos artistas que 
tenían 20 y 30 años de llegar hasta allí a cantar, tomarse unas copas,
 y comerse un asado. Se diría que los clientes eran amigos y 
conocidos que buscaban ese ambiente tan parecido al que se vive
en el Homero Manzi de Medellín. De pronto alguno tomaba la 
guitarra y cantaba, y de pronto alguna pareja salía a bailar. Pero 
para el momento algunos han muerto, y los demás han envejecido 
aunque todavía pueden sacar un último provecho a sus voces que 
están a punto de caducar. Cosa difícil porque, como dice Catalina 
de los Ángeles “Yo amo mi profesión y quiero morir cantando. Ojalá
se me dé… la gente merece respeto, y los músicos también, y yo sé 
que ya es hora de pasar a retiro, pero no quiero todavía”.”. Todavía 
canta, pero yo pido al cielo que un piadoso infarto se la lleve antes 
de que conozca la decrepitud que predice Julio César Fernán:
El día en que la gente te aplauda por obligación, ahí sí la embarrás”.
La razón para seguir cantando a pesar del paso de los años la da 
Horacio Acosta: “Sin plata es muy difícil decidir nada. Yo tengo mi 
casa hipotecada, y estoy a punto de perderla”.


Y respecto a los que no se mueren jóvenes y se convierten en dinosaurios, 
el médico Emilio Restrepo escribió un artículo diciendo que "Medellín es el paraíso de
 los dinosaurios olvidados". Que conste que los dos llegamos a la misma conclusión
 por aparte, sin influir el uno en el otro, pero estamos totalmente de acuerdo.


Acabo de leer el artículo del Dr. Emilio y sé que muchos estarán de acuerdo con 
su juicio de valores y muchos estarán en desacuerdo, por aquello de los gustos y los 
disgustos. A ese respecto hago claridad: El Raphael de finales de los 60 y principios 
de los 70 me parece ¡Fabuloso, extraordinario! El que me disgusta es el Raphael 
del siglo XXI que ya no está para esos trotes. 


Dice el médico que estos artistas reencauchados logran sortear la prueba
"con dignidad". Disiento de él. A pesar de los aplausos de su público, sus presentaciones 
son indignas e irrespetuosas, deprimentes, abusivas. Tienen de todo, menos de dignas.





Un abrazo,



ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)
LEER MAS ARTICULOS DE "MEDELLIN, ESA DESCONOCIDA" EN:


Crónica de Medellín Esotérico:
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/crnica-esotrica-de-medelln.html

Leyendas Urbanas de Medellín:
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/leyendas-urbanas-de-la-tradicin-oral.html

Crónica de Medellín Underground
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2005/05/medelln-underground.html

 Crónica de un infiltrado en la Cabalgata de Feria de Flores
http://emiliorestrepo.blogspot.com/2008/02/un-recien-llegado-la-cabalgata-de-la.html